¿Cómo eslabonas, vida, con la muerte? ¿Cómo decides el final destino del que siguió tu acerbo desatino, del niño que te cortejó sin suerte?
¿Qué le das cuando todo ya le advierte que ha llegado a un crucero del camino, que no puede ir atrás, que ningún vino le valdrá la ganancia de perderte?
Vida, muerte, ¿qué importa? Las gemelas se incrustan en la carne igual que puntas lanzadas por un arco, paralelas.
Si vives lo que mueres, ¿qué te apuntas? Si mueres lo que vives, ¿por qué celas? Marchan ciegas las dos, sordas y juntas.
Basta morir como una lámpara desde la madrugada, como el rescoldo de una brisa tersa; para morir, para suministrarnos la mano venidera del olvido; basta decirle no al día de mañana, basta ensayar los labios en un rumor de cera, basta beber un vaso de agua donde yazga el recuerdo de un ahogado.
Deja que la mano sea como un guante que usa el corazón para tocar el brazo o el alba de una novia entristecida. Deja que la mano sea como un campo donde el aire trasciende como humedad de pelo. El otoño se despierta en mi pecho y se sacude las plumas como pájaro caído fuera de la redondez de su canto. El otoño se desbanda por mi pecho como un viento veteado de árboles.
¿Quién me pone en los labios un color de palabras donde se siente el peso de la noche?
A veces hay algo en las palabras que se dicen, en aquellas que llevan del labio ansiosa vida, aquellas que sollozan el paisaje y respiran la cal de otra garganta; que es como ponerse de codos a pensar sobre el pretil de una tristeza antigua.
Hay playas donde la mar resuena como carne, como el golpe de un cuerpo que de pronto ha llorado. Hay lagunas y juncos, estuarios donde amarran los peces su oceanía desmedida, y hay ríos donde la tierra llega al mar insepulta en sus sueños imposibles.
Sufro. Sufro de esa moneda que redondea a la mano inútilmente. Sufro como un sentir pequeña espina en la mirada fija de las lágrimas. Sufro la cañamiel de una canción muy tonta. Sufro el esparcimiento de una muerte insepulta. Sufro la profundidad de los ríos donde la noche tienta a los ahogados.
Paso los ojos por la luz poco oída de una estrella. Paso los labios por las palabras de un día, donde el silencio crece como yedra.
Para morir, para cesar los labios para olvidar de pronto la forma de la tierra y salir para siempre de la asunción del mar; no es necesario el traje de los condenados ni la ceniza de los aturdidos. No es necesaria la cama de los enfermos ni el campo de batalla ya después, en silencio.
Basta un anuncio de hojas de afeitar, basta la prosperidad de un gerente, basta un tranvía equivocado.
Es arrojada la noche a la costa de nuestro pecho por un oleaje de luces. Hay un poco de acero turbado en una mano. Hay un niño sin ojos moviéndose en los ojos
Entonces ¿cómo tomar la luna? ¿Con qué mano o qué lágrima tocar la luz donde los labios ceden a la noche?
La respiración suena como pisar hojas secas. El bosque es tan profundo que las manos no se encuentran. Puedo silbar para espantar mi miendo, para que me oigas yacer en un claro del bosque cuando en realidad sólo hay claro en tus ojos.
Palabras y miradas transbordando ataúdes. De ataúdes de niños a negros ataúdes con barbas de abuelo.
A veces la noche crece como la barba de un dios desconocido.
Cerrar los labios es quedarse a solas. Puedes mover el frío entre tus dientes. Puedes ver en un cuello la pasión de la tarde. La mano puede confiarse al frío sin darse cuenta.
Mientras tú existas, mientras mi mirada te busque más allá de las colinas, mientras nada me llene el corazón, si no es tu imagen, y haya una remota posibilidad de que estés viva en algún sitio, iluminada por una luz cualquiera... Mientras yo presienta que eres y te llamas así, con ese nombre tuyo tan pequeño, seguiré como ahora, amada mía, transido de distancia, bajo ese amor que crece y no se muere, bajo ese amor que sigue y nunca acaba.
TODOS USTEDES PARECEN FELICES...
...Y sonríen, a veces, cuando hablan. Y se dicen , incluso, palabras de amor. Pero se aman de dos en dos para odiar de mil en mil. Y guardan toneladas de asco por cada milímetro de dicha. Y parecen -nada más que parecen- felices, y hablan con el fin de ocultar esa amargura inevitable, y cuántas veces no lo consiguen, como no puedo yo ocultarla por más tiempo; esta desesperante, estéril, larga ciega desolación por cualquier cosa que -hacia donde no sé-, lenta, me arrastra.
Voy a llorar sin prisa. voy a llorar hasta olvidar el llanto y lograr la sonrisa sin cerrazón de espanto que traspase mis huesos y mi canto.
Por el árbol inerme que un corazón de pájaro calienta y sin gemido duerme, yal gran silencio enfrenta sin esta altiva lengua cenicienta. Por el cordero leve de la pezuña tierna y belfo rosa; por su vibrante nieve que la tiniebla acosa y al final de un relámpago reposa. Por la hormiga azorada que un bosque de cien hojas aprisiona; por su pequeña nada que al misterio no encona y que la enorme muerte no perdona. Por la nube que alcanza los umbrales de un lirio sin semilla. Lengua de la mudanza sin éxtasis ni orilla, que no sabe morirse de rodillas. Por la hierba y el astro. ¿C6mo miden tus ojos, Dios oscuro? Por el más leve rastro de sombra contra el muro, mi llanto ha abierto su cristal maduro.
NO PUEDO
No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas: he de salir al camino donde el mundo gira y clama, he de salir al camino a ver la muerte que pasa.
He de salir a mirar cómo crece y se derrama sobre el planeta encogido la desatinada raza que quiebra su fuente y luego llora la ausencia del agua.
He de salir a esperar el turbión de las palabras que sobre la tierra cruza y en flor los cantos arrasa, he de salir a escuchar el fuego entre nieve y zarza.
No puedo cerrar las puertas ni clausurar las ventanas, el laúd en las rodillas y de esfinges rodeada, puliendo azules respuestas a sus preguntas en llamas.
Mucha sangre está corriendo de las heridas cerradas, mucha sangre está corriendo por el ayer y el mañana, y un gran ruido de torrente viene a golpear en el alba.
Salgo al camino y escucho, salgo a ver la luz turbada; un cruel resuello de ahogado sobre las bocas estalla, y contra el cielo impasible se pierde en nubes de escarcha.
Ni en el fondo de la noche se detiene la ola amarga, llena de niños que suben con la sonrisa cortada, ni en el fondo de la noche queda una paloma en calma.
No puedo cerrar mis puertas ni clausurar mis ventanas. A mi diestra mano el sueño mueve una iracunda espada y echa rodando a mis pies una rosa mutilada.
Tengo los brazos caídos convicta de sombra y nada; un olvidado perfume muerde mis manos extrañas, pero no puedo cerrar las puertas y las ventanas, y he de salir al camino a ver la muerte que pasa.
Tarde se descubre la primera arruga. Tarde, demasiado tarde, cuando demasiado es un don en lo fugaz. Tarde es en la nuca de quien se recuesta para morir profundo sobre el pecho de su tumba.
V. ¿què hay en los ojos del que odia? ¿pureza negra? ¿por què la luna de aparta de su vista? ¿què hay en los ojos del que odia que todo puede ensuciar con la mirada?
Te doy Claudia, estos versos, porque tú eres su dueña.
Los he escrito sencillos para que tú los entiendas.
Son para ti solamente, pero si a ti no te interesan, un día se divulgarán, tal vez por toda Hispanoamérica...
Y si al amor que los dictó, tú también lo desprecias,
otras soñarán con este amor que no fue para ellas.
Y tal vez verás, Claudia, que estos poemas, (escritos para conquistarte a ti) despiertan en otras parejas enamoradas que los lean los besos que en ti no despertó el poeta.
en esta ocaciòn dos poemas que me gustan de el maestro Ernesto.
todos hablan de mi vida algunos, de mis amores, nadie de mis sinsabores ni de mi pena escondida. si yo a nadie recrimino y todo en todos tolero, ¿porquè el mundo, en mi destino pretende ser justiciero?
pita amor.
Yo soy mi propia casa
I
Casa redonda tenía de redonda soledad: el aire que la invadía era redonda armonía de irrespirable ansiedad.
Las mañanas eran noches, las noches desvanecidas, las penas muy bien logradas, las dichas muy mal vividas.
Y de ese ambiente redondo, redondo por negativo, mi corazón salió herido y mi conciencia turbada. Un recuerdo mantenido: redonda, redonda nada. pita amor.